61 Km. de Huermeda por la A-2 en dirección a Madrid llegamos a la localidad de Santa Maria de Huerta, famosa por su monasterio Benedictino.
El monasterio de este nombre está rodeado de un muro con ocho cubos almenados que le imprimen un aspecto de fortaleza. En el siglo XVI se rehizo la entrada ennobleciendo la puerta en cuyo frontón puede verse una imagen de la Virgen. En 1771 la puerta fue agrandada con un cuerpo superior que presenta otro frontón adornado con la jarra de azucenas, símbolo de pureza relacionado siempre con la Virgen María. Figura entre los más bellos de España. Su fundación tuvo lugar en el año 1162 por orden de Alfonso VII. La construcción de la iglesia no se inicio hasta el año 1779. El abad San Martín de Hinojosa, falleció en 1220 y su sobrino Rodrigo Ximénez de Rada, arzobispo de Toledo, crearon la obra máxima de la arquitectura cisterciense. La primitiva fábrica, de líneas severas, de los lienzos exteriores con su arquitrabe, aun se conserva. Desde el patio se alza ante el espectador la fachada con su pórtico de cinco arquivoltas y su rosetón.

 

Plano del Monasterio de Santa María de Huerta
 

Ver foto en Galería de Imagenes El CLAUSTRO GÓTICO: Con toda su fuerza simbólica, en él confluyen las tres dimensiones humanas: cuerpo, alma y espíritu, junto con su vertiente social, aspectos reflejados en cada uno de sus lados y las dependencias que en ellos se encuentran. Su cuadratura recuerda a la Jerusalén celeste, también ella cuadrada, queriendo ver en la vida monástica una encarnación en la historia humana de la utopía escatológica. La piedra cuadrada "signo de Cristo" con la que se construye el claustro, moldeada de diversas formas, manifiesta la unidad y diversidad de sus miembros y el deseo del monje de vivir sin separar lo corporal y lo espiritual, lo terreno y lo celeste, lo interior y lo exterior, lo personal y lo social. Encima se construyó en el s. XVI otro claustro, éste plateresco, con una sensibilidad muy distinta a los orígenes.

 

Ver foto en Galería de Imagenes La IGLESIA: Fue fundada y colocada la primera piedra por Alfonso VIII de Castilla, el 20 de marzo de 1179. A finales del siglo XVIII se hicieron obras y cambios clasicistas. Se construyeron bóvedas sencillas y techumbre de madera en la nave central; todo ello fue sustituido en 1632 por bóvedas de lunetos. También fue cambiada la nave central en el siglo XVIII con una cornisa añadida, corrida sobre capiteles y se añadió la reja (una obra de arte de rejería) para aislar la clausura de los tramos destinados a parroquia. No se hicieron cambios en el exterior, donde se puede ver una de las más austeras construcciones de la arquitectura del Císter, con grandes contrafuertes en el doble muro. Tiene planta de tres naves y crucero con cinco capillas absidiales con arcos apuntados y bóvedas de sencilla crucería. De los cinco ábsides, el del centro es semicircular y los otros cuatro son de planta rectangular, un modelo cisterciense que se siguió también en el monasterio de Santa María de Matallana (Valladolid).
Ver foto en Galería de Imagenes En la Capilla mayor, un amplio retablo de grandes dimensiones de estilo barroco de Félix Malo (de Calatayud), ejecutado en el año 1766. En las paredes del presbiterio hay pinturas al fresco con escenas de la Batalla de las Navas de Tolosa. La sillería del coro, de nogal fabricada en la segunda mitad del siglo XVI de estilo plateresco, acompañado del órgano barroco. En su entrada existe una verja, también de ese siglo. El crucero del siglo XVI, con rica ornamentación,cuenta con una escultura de “Maria con el Niño”, del siglo XIII.

 

Ver foto en Galería de Imagenes El REFECTORIO de MONJES: Uno de los lugares más emblemáticos de este templo es el llamado refectorio de los monjes. Se trata de una tremenda sala de 38 x 13 metros que abre a la panda norte del claustro gótico. Destaca de inmediato por sus grandes dimensiones, su luminosidad así como por el especial tratamiento decorativo que recibió, semejante al del templo.
Se empezó a construir en 1215 a expensas de Martín Nuño de Finojosa, sobrino del abad Finojosa.
A ella penetramos por una portada apuntada a base de tres arquivoltas con decoración de dientes de sierra y baquetones, además de motivos vegetales en sus capiteles. Sobre ella un gran óculo con rosetón, también remedando el del hastial de poniente del templo, que está parcialmente oculto por el recrecido claustro y que ya hemos visto en el capítulo dedicado a los claustros de este monasterio.
El interior, claramente gótico, muestra una sala de gran amplitud en la que se calaron por doquier sus muros a base de alargados vanos lo cual permite una gran luminosidad en la misma. Amplitud y luz son las primeras sensaciones percibidas.
Sus bóvedas hexapartitas son una verdadera filigrana edificativa que permite cubrir este espacio sin necesidad de columnas centrales.
Ver foto en Galería de Imagenes Solo hay una zona en sus muros que no fue calada por ventanales. Y es la correspondiente al lado este, donde se ejecutó una escalera adosada al muro. Este peculiar elemento arquitectónico compuesto por dos vanos de medio punto, otros dos apuntados y seis más de cuarto de punto tiene por objeto alojar la escalera por la que el monje lector accedía al púlpito desde el que leer pasajes religiosos a los monjes durante su comida. Columnas de sección octogonal y capiteles con decoración vegetal a juego con los vistos en la portada de esta sala completan su estructura.

 

Ver foto en Galería de Imagenes La COCINA GÓTICA: El refectorio se comunica con una monumental cocina que tiene en el centro un inmenso hogar cuadrado, apoyado en cuatro arcos apuntados, interesantísimo ejemplar de tipo español. La cocina esta rodeada de ocho tramos de bóveda de crucería.

 
 

Ver foto en Galería de Imagenes El REFECTORIO de CONVERSOS: Una de las piezas con mayor sabor románico sin lugar a dudas en este monasterio es el refectorio de los conversos.
En los monasterios cistercienses convivían, aunque separadas, dos comunidades. La de los monjes y la de los conversos. Estos últimos eran el eslabón necesario para la relación entre la comunidad monástica y el mundo exterior. Sometidos a votos y regla monástica; pero en un escalón inferior al monje, del que se les separa, tanto en el refectorio como en la iglesia. Ellos siguen los oficios tras la reja. En el espacio de los conversos al cual tienen acceso independiente.
El acceso a esta sala se efectua a través de una portada de doble rosca dovelada, con la única decoración de escocia en su bisel. Lucen sus elementos marcas de cantería.
Su interior es sobrecogedor. Cinco columnas centrales erigidas desde basas y coronados por capiteles reciben el empuje de las bóvedas de crucería conformando en planta dos naves paralelas de seis espacios cuadrados cada una.
Fajones levemente apuntados que voltean entre los capiteles y hacia los muros, en donde los reciben ménsulas embebidas con sus ya conocidos perfiles de cinco rollos. Las nervaduras de las bóvedas tienen sección trifoliada y en el punto de apeo se afilan para encajar con elegancia en el diedro de los fajones.
La decoración de los capiteles es de una elegante sencillez que busca los contrastes de luces y sombras a base de pequeños surcos entre los que hallamos bolas -a veces también surcadas- o piñas. Varía la decoración de su zona superior, en la que podemos encontrar taqueado jaqués.

 

Ver foto en Galería de Imagenes La CILLA o BODEGA: La cilla se sitúa perpendicular al refectorio de conversos, interpuesta entre este y los pies del templo y alineada con el desaparecido nartex. Cinco arcos de medio punto que arrancan del nivel del suelo sustentan una techumbre de madera apeada en ellos y en ménsulas de madera, también de rollos, conformando un bello alfarje mudéjar en vías de restauración. Era este el lugar donde acumulaban y gestionaban los conversos los distintos alimentos y bienes necesarios para el correcto funcionamiento de la comunidad monástica

 

Ver foto en Galería de Imagenes El CLAUSTRO HERRERIANO: Tras el claustro gótico, llamado "de los caballeros" por los enterramientos que en él hubo, se sitúa, más a poniente, un segundo claustro, renacentista levantado en el s. XVII, en cuyo centro figuran las estatuas de los santos Martín de Finojosa y Rodrigo Jiménez de Rada, es la zona que habitan actualmente los monjes.

 
 
 
 
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